Cuando nos detenemos a contemplar, nos damos cuenta que todos nacemos con capacidad de perdonar y amar, pero dejamos de practicarla por un motivo u otro. De esta forma convertimos nuestro corazón en un Belén oscuro donde se encuentran los miedos, las envidias, desiluciones, mentiras, desesperanza..., pero pese a todo ello Jesús, decide entrar en cada corazón y llenarlo de luz. Es tiempo de paz, de descanso y de mirar ese vacío interno del que solemos huir.
Esa luz que nace en ti y en mi
es la que nos lleva a estar atentos al más necesitado,
a perdonar,
a abrazar,
a disfrutar de lo que tenemos
y a poner la amistad por encima de cualquier cosa.
¡Qué viva el amor!
Recordemos las palabras de Jesús: " les aseguro que para entrar en el Reino de Dios, ustedes tienen que cambiar sus manera de vivir y ser como niños". Convirtamos nuestro corazón en un Belén lleno de claridad al igual que el de ellos.
La Navidad está en nosotros, sólo hay que descubrirla y saber
vivirla.
Eso es lo que nos trasmite la canción que los niños nos muestran a continuación: se pelean y se olvidan poco tiempo después de ello y no guardan rencor.